Submarinismo: por Nuria Oyaga

Submarinismo

Aventuras contadas por gente como tú

Hoy hemos recibido este precioso regalo de nuestra gran amiga y buceadora Nuria.
Ella está haciendo un diario de cuarentena y nos ha regalado una de sus páginas, dedicada al submarinismo. Nos ha gustado tanto que queremos compartir sus palabras con todos vosotros.

¡Gracias Nuria! 

Submarinismo

Libertad. Eso que sientes cada vez que te sumerges en el océano más profundo. Cada vez que abandonas tu medio natural para explorar ese maravilloso mundo desconocido, ese que tanto puede llegar a transmitir.

Empiezas a sumergirte lentamente entre todas esas burbujas que generas al deshinchar tu chaleco. Cada vez que buceas. Es increíble cómo el simple sonido del aire pasando de la botella a tus pulmones, el de las burbujas que expulsas al completar esa respiración, el del más absoluto e inmenso silencio marino, puede llegar a transmitir tantísima calma, tantísima paz.

Increíble como la sensación de volar frente a un mundo inmensamente azul, lleno de vida oculta que, a veces, decide sorprenderte con su presencia, en el que eres tan insignificante y pequeño, puede hacerte sentir como si volvieses a nacer. Como pueden llegar a dejarte sin aliento las criaturas más grandes de ese mundo al pasar por tu lado, casi sin inmutarse. La elegancia que desprenden esas criaturas en cada aleteo. Es increíble ver como todas esas pequeñas criaturas desarrollan una enorme labor y que nos dejen disfrutar de su medio como meros espectadores.

Es realmente increíble todo lo que unos pocos metros de profundidad pueden regalarte.Y adentrarte poco a poco en ese mundo: tú, tus pensamientos y tu destreza, nadie más. Descubrir cada animal, cada alga y hasta la más insignificante roca.

Y apreciar todo lo que te rodea. Y disfrutar de esa termoclina que activa cada uno de los poros de tu piel acabando en un gran escalofrío. Y dejarse llevar por esa corriente sin oponer ninguna resistencia. Y ver a su paso toda la vida marina que se esconde en un simple bloque de agua. Y sentirte feliz con cada escena o simplemente cerrando los ojos dejándote sentir. Y flotar. Y dejarse sorprender por las acciones bien medidas de los que ahí abajo habitan. Y aprender. Aprender de todos los seres vivos que nos permiten entrar en su rutina. De las técnicas de camuflaje más sorprendentes y originales de los más vulnerables.

Quedarse alucinada con la forma que tienen algunos depredadores de cazar su alimento. De cómo los animales grandes prestan un trozo de su cuerpo a las rémoras para que se alimenten. Del “win to win” que establecen las anémonas y los peces que en ellas se protegen, o del que tienen las gambas limpiadoras y las morenas. Aprender cómo un “gallo cochino” puede llegar a los extremos más insospechados para proteger su puesta.

Descubrir cómo manejarse en ese nuevo medio, flotando y controlando los movimientos para no dañar todo lo que te rodea. Aprender a relajarse, a evadirse de todo lo que en ese momento no importa, respirar, observar tener paciencia, ser responsable. En definitiva, aprender a respetar.

Sorprender a un pulpo intrépido que pasea por un fondo de arena y que, al darse cuenta de tu presencia,salga disparado soltando toda su tinta, dejándote ahí quieto, entre la risa y el sobresalto.

Disfrutar de la majestuosidad de una manta planeando sobre tu cabeza, con ese movimiento que hipnotiza. Sobrecogerte al escuchar a una ballena que, aunque no puedas ver, sabes que comparte el mismo espacio que tú.

Juguetear con los delfines que curiosos acuden al punto de buceo y confiados empiezan a bailar a tu alrededor. Sentir como el ritmo de tu corazón se acelera cada vez que te cruzas con un tiburón, independientemente de su tamaño y especie.

Tratar de mantener la calma y contener la emoción, para poder disfrutar de ese tiburón ballena que se alimenta en superficie, ajeno al espectáculo que produce. Dejarse embaucar por esa tortuga que se acerca sutilmente al objetivo de tu cámara, quién sabe si extrañada por el reflejo que produce, y termina su exploración estrellando su picuda boca contra ese artefacto.

Divertirse con el pez payaso que se encara con tu máscara y te mira desafiante, con cara de pocos amigos, cada vez que te acercas a su anémona.

Quitarse el regulador por un instante para sentir el agua salada en tus labios y ser aún más consciente de dónde te encuentras. “Tumbarse” boca arriba para ver la luz del sol a través de ese cristal azul formado por agua salada, con las sombras que producen esos pececillos que se cruzan en la escena. Salir al más desconocido azul y sentirse ahí, flotando frente la inmensidad, como el ser más pequeño y vulnerable del planeta.

Y, lo más importante: compartirlo. Compartirlo con personas que disfrutan de todo eso de la misma manera que lo haces tú. Esas personas que añaden a este gran deporte ese punto de diversión, esos momentos que se convierten en anécdotas y esa tranquilidad frente a los posibles contratiempos que puedan surgir.

Eso es todo lo que hace de este deporte, el submarinismo, mi pasión. De esta aventura una forma de vida.

Si quieres disfrutar del submarinismo y otras aventuras como lo hace Nuria ¡no dudes en reservar con Ki Travels tu próximo viaje!

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